CRISIS SISTÉMICA DENTRO DE UNA TRAMPA SISTEMÁTICA

Parece que nos hemos familiarizado con la expresión “crisis sistémica”. Con este adjetivo, diferenciamos la crisis que afecta profundamente al sistema, de las consideradas cíclicas y de menor virulencia. La actual, solo es comparable a la que se inició en 1929, -salvando las distancias que corresponden a cada momento socio-económico-.

El gran hándicap, es que para solucionar  esta crisis no podemos contar con el concurso de una Tercera Guerra Mundial, que  hasta 1945, fue el remedio que históricamente se había utilizado para desatascar una situación que se presentaba límite. Descartada la solución bélica global -que nos conduciría a la autoinmolación colectiva y probablemente  al holocausto final-, hay que admitir  que el mundo se encuentra en un callejón sin salida; en una situación muy parecida a una de esas películas de ciencia ficción, en la que un organismo extraterrestre se adhiere simbióticamente a una persona y su destrucción comporta también la del propio individuo.

De una forma u otra, en unos años saldremos de ésta, vendiendo todos los muebles de la abuela, pero cuando hayamos agotado estos recursos, nos encontraremos de nuevo enfrentados a la misma situación, probablemente corregida y aumentada.

Recordarán que cuando estalló la crisis de las subprime se reunieron desde el G-7 al 21 y aunque se cuidaron bien de no hacerlo público, llegaron a la conclusión de que  para solucionar el problema de raíz, deberían hacerse el hara-kiri. Como es  natural, optaron por una solución menos traumática: la huída hacia adelante. Decidieron continuar con el mismo esquema que se había manifestado nefasto, los mismos gestores, las mismas compañías de rating que no habían dado pie con bola y lo que es peor, con las mismas formulaciones.

José Luis Sampedro –el anciano de la tribu al que no interesa escuchar- afirma que nos encontramos en el mismo punto en el que se encontró el mundo feudal, cuando de repente se dieron cuenta que tenían enfrente unos cañones que superaban sus fosos y derribaban sus murallas; no tenían respuesta. No es posible la refundación del capitalismo, de la misma forma que no fue posible la refundación del feudalismo. Y en esa estamos.

La trampa sistemática que a su vez envuelve a la crisis sistémica, empezó a tejerse en 1909 con la Legislación de Curso Legal, significando la primera andanada para la desaparición del patrón oro. Allí empezó lo del dinero virtual para poder financiar la primera conflagración mundial. Desde entonces el patrón somos los ciudadanos, pero esa es otra historia que trataremos en cuanto me haya puesto un poco moreno, actividad que de momento está exenta de IVA siempre que se practique al raso.

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