En el libro soy muy crítico con la mayoría de intérpretes de la Economía por su escasa valentía. Cuando acceden a estamentos de decisión política, sufren una repentina metamorfosis que les hace olvidar todo su recetario. ¿Recuerdan a alguno que protestara cuando los políticos de cualquier pelaje y condición, juraban que la banca española era la más saneada y solvente del mundo? . . .
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