De
repente me ha embargado un sentimiento de amargura tras leer su artículo
dominical de
26 de enero en La Vanguardia. Siempre
le he considerado un personaje razonable pese a estar condicionado por el
lobby opusiano; el mismo lobby en cuyas escuelas de negocios colabora
enseñando que la ética y los negocios discurren por líneas paralelas -esas que
en caso de cruzarse lo hacen en el infinito-. Tras leer su artículo, sospecho
que la consigna corporativa de sumisión monárquica de La Vanguardia no solo
afecta a su plantilla periodística. De ahí parte mi amargura; una amargura
solidaria con la dignidad de unos profesionales.
Como se
puede imaginar, no es la primera vez que le echo un vistazo a su recuadro
periodístico, pero jamás tropecé con uno tan precavidamente disperso. Enseguida
me hizo pensar en aquel jugador de fútbol que pretende centrar y chutar a la
vez, pero acaba lanzando la pelota a la tercera gradería.
He leído
muchas diatribas de solidaridad unionista, pero en esta ocasión, creo que la
suya se ha pasado de peregrina. Desde que los catalanes decidimos decir basta,
no hay miedo al que no se haya recurrido. Lo que nadie puede hacer, es
regatearle originalidad a su argumento "visadófobo".
Presume
usted de ser muy viajado, como pretendiendo que esta circunstancia avala sus
conclusiones; nos relata una serie de anécdotas que tilda de incoherentes que
parecen perseguirle por doquier, Si yo fuera algo más osado me atrevería a
decirle que tanto viaje le ha restado periodos de serena reflexión.
Nos
aconseja a los catalanes que hemos de vender la piel del oso antes de cazarlo.
Que debemos preocuparnos antes que nada por los visados que nos exigirán
unos funcionarios sin entrañas; por la supuesta volatilización de la pensión de
la abuela, por la cartilla del seguro etc. etc. -todos ellos ya me perdonará,
argumentos de vuelo gallináceo-.
¿Cómo se
las arreglaron los pobres noruegos tras separarse de Suecia? ¿Cómo lo hicieron
Estonia Croacia o Eslovenia tras independizarse y crecer a partir de aquel
momento un 4% promedio sobre su PIB? ¿Vamos a hacer un drama solo por el hecho
de estar estratégicamente mejor ubicados en Europa que ellos?
Preocupado
por sus relatadas incoherencias, parece olvidarse de algo que tendría que
percibir como cotidiano; del único elemento coherente e inmutable en la Europa
de los negocios, que es el factor económico. Reconozco avergonzado no haber
viajado a su ritmo, pero he picado piedra durante 15 años en Europartners, el
primer holding bancario europeo, y no puedo dejar de sonreír cuando alguien
pretende convencerme de que Moldavia, Montenegro y Turquía serán miembros de la
UE, mientras que la sexta región industrial de Europa, la Cataluña del
magnetismo gaudiniano, del Barça, de los JJOO mejor organizados de la historia,
de las convenciones internacionales, el portal del Mediterráneo, sería
condenada a galeras por un berrinche mesetario.
Estimado
Pedro; usted y yo somos de la misma quinta y me apuesto las pestañas a que el
porvenir de Cataluña no se reducirá a una cuestión de visados; dependerá sin la
menor duda de una decisión política respaldada en argumentos estratégicamente
económicos. Ya me gustaría a mí que no fuera así, pero es lo que hay.
Es cierto
que técnicamente, tanto Cataluña como Escocia dejarían presumíblemente de
pertenecer a la UE al solemnizar su independencia, pero en la City se cruzarían
apuestas para ver cuantas semanas tardarían en regresar. Probablemente y como
consecuencia del rencoroso veto hispano, no lo haríamos como miembros de pleno
derecho, pero nadie nos va a expulsar del espacio Schengen y probablemente
tampoco de la EFTA. Difícilmente ningún alto tribunal europeo osará desposeer a
los ciudadanos catalanes de su condición comunitaria (sería un inmerecido
castigo para Camacho, Rivera, Albiol y Navarro que se han vaciado luchando por
un lugar de destino en lo universal). Las multinacionales y las grandes
empresas ya se encargarán -por la parte que les toca-, de que la libre
circulación de capitales y mercaderías no se vean taponadas precisamente en la
válvula del corredor mediterráneo. Por su parte, los acreedores de la Deuda
-tanto públicos como privados-, ya se curarán en salud para que no paguemos en
"catalanets de cobre" -moneda que Cataluña adoptaría como represalia
ante una hipotética expulsión de la UE- (no íbamos a ser tan necios
para seguir en el euro). Parece querer olvidar por otra parte, que si no
hay acuerdo con España, tampoco hay asunción de la Deuda alícuota y ahí es
justamente donde más les duele.
Puestos a
fabular, pensemos en una Cataluña fuera de la UE, taponando el corredor
mediterráneo y recuperando todos sus resortes financieros para actuar sobre sus
tipos de interés, su moneda etc. Con una irrisoria deuda del 26% sobre el PIB,
y 16.500 millones liberados anualmente, podríamos hacer auténticas diabluras.
No hablo de constituirnos en paraíso fiscal -porque eso quedaría feo-, pero si
podríamos perfectamente situar los impuestos sobre el capital a la mitad de los
de España. En términos vulgares, a eso se le llamaría un grano en el trasero de
la madre patria, y sería precisamente la madre patria la primera en exigir
nuestra inmediata reincorporación a la UE.
Antes de
vender la piel del oso, lo prioritario es poner en valor y de forma solemne, la
soberana voluntad del pueblo de Cataluña. Es a partir de entonces cuando
podemos empezar a pensar en si le disparamos o no al oso. Le aseguro que al día
siguiente de la votación no quedaremos inevitablemente embarazados. Igual le
damos una sorpresa y agobiados por "la presión del visado", decidimos
no independizamos. De colega a colega: espero no darle esta satisfacción.
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